sábado, 5 de mayo de 2012

Lo sé.

Te busqué.
Pero no en otros labios ni en otro cuerpo.
Simplemente te busqué.
No en mi cuarto ni en otros deseos.
Pero te busqué.

Cerraste de un portazo la puerta y me quedé encerrado en el tormento.
Aun así te busqué.
Porque no he visto mejor alma que la que escondía tus huesos.
Y me enamoré.
No de tu piernas ni de tu cabello, si no de tu ser, de tu alegría y de tus lamentos.

Me enamoré.
De esa forma de mirar y de prolongar el 'momento'.
Me cegué.
De tanto cariño y tanto te quiero.
Y me tropecé.
Intentando buscarte sin miramientos hasta que reaccioné y ordendé uno a uno mis sentimientos.
Y al fin me curé.
No con pastillas ni con un amor de cuentos.
Pero te guardé.
En mi memora y aqui dentro... y te olvidé.

domingo, 8 de abril de 2012

Defectos de ron

El no saludar no significa que no sepa que estés ahí.
Evitar la mirada u ocultarte entre las sombras no hará que mi cabeza oscurezca tu imagen.
Algo tan sencillo como la verdad, con el ir con las cosas por delante.
Se aprende de los errores pero ya no sé cuál es el defecto. El fallo. Lo mal hecho.
Un día, pienso, hubo confianza pero parece ser que si no se fundió con fuego no se pudo mantener.

Sé que buscarás mis labios en él.
Sus manos no conoceran cada resquicio de tu cuerpo, no se darán cuenta de lo dulce que puedes llegar a ser.
Mirarás de reojo sus labios y no sabrás encontrar tu nombre entre ellos, al menos no de esa forma tan especial.
Tal vez te pueda sonreir, pero lo que no sabrás es si lo hará por ti.
El calor de su cuerpo podrá calmar una noche la gélida espera del tuyo. Dudo que sepa cuidar por una vida todo y cada uno de tus impulsos.
Cuando esperes una caricia en tus mejillas, no cierres los ojos porque al abrirlos no verás mi sonrisa.
Sé que la comparación será tu peor pesadilla.

Al menos lo pienso, lo sé, o lo creía
porque desde que te fuiste pienso que cambiaste de la noche al día.

martes, 3 de abril de 2012

Castillo de aire

Imaginé historias que ni siquiera el más ilusionista pudo creer.
Llegué a pensar que en el cielo tu nombre estaba escrito, que salió a volar, para poder verlo en el infinito. Pero, hoy, cuando todo más fácil podría ser, se ha tornado el viento y me ha hecho mella este revés.
Porque de azúcar no están hechas las nubes, por mucho que en la tierra las queramos vender. Ni de cuentos escrito el destino, por mucho que yo me quisiera convencer.
Adiós inmadurez, adiós. Necesito mantener la cordura cerca de mi.
Adiós inteligencia, adiós. No supiste aferrarte y te perdí.
Puedo echar a correr, aun estoy a tiempo de dejar tras de mi la estupidez y ordenarme por dentro.
Sensación de papel.
Lo siento, corazón, pero es por tu bien. Tápate la boca para no gritar otra vez.

jueves, 29 de marzo de 2012

No puedo parar

Habrá que calmar este deseo.
He reservado mesa en tu boca y en el balcón de tu cuerpo.
¿Con qué vino se acompaña tu piel?
Si se nos gasta el amor, hacemos más.
Que si es largo el camino de mis labios a tu cuello, empezaré a caminar.
Habrá que coger carrerilla. Agárrate, cierra los ojos, juntos vamos a volar. Quiero escaparme contigo y el cielo no puede esperar.
Y si los cierro yo, que más dará, ahí estarán nuestras manos y nuestra piel poder desnudar.
Podemos viajar a cualquier lugar, simplemente debes de abrazarme y empezar a imaginar.
Se te está permitido gritar, siempre y cuando sea por la excitación que no se pueda aguantar.
¿Deberiamos de parar? Una risa juguetona se asoma sin más. Me amarras a tu cintura y comienzas a bailar.
El día que ninguno nos queramos amar, tiraremos de memoria...

y haremos más.

lunes, 12 de marzo de 2012

Intranquilidad

Y me vuelvo a despertar.
Un impulso y aquí estoy otra vez, abriendo los ojos, agrandándolos a cada instante donde mis latidos van manejando.
Pelo mojado, la almohada empapada de sudor. Todo acorde con ésta oscura habitación. ¿Otra vez me he vuelto a despertar? Pero si ni siquiera me ha dado tiempo a volver a dormir, a volverme a relajar.
El reloj se está riendo de mi con sonidos desproporcionados anunciando el paso de los segundos.
Me giro, busco la postura adecuada. Me vuelvo a girar.
Respiro profundamente esperando que vuelva la tranquilidad.
Intento dejar la mente en blanco, no pensar en nada, no dejarme llevar por cada resquicio de mi mente o cada relación sentimental.
Oigo un ruido al otro lado de la casa, me levanto para ver que pasa. Sigilosamente abro la puerta, el pomo está igual de frío que el suelo que contagian a mis manos y mis pies.
Tras abrir la puerta solo veo tinieblas. Ni una luz. Ni una vela. Ni una esperanza.
Se escucha una melodía, un hilo de música que me resulta familiar. Proviene de la cocina. Conforme me acerco va incrementando, conforme me acerco voy recordando. Apoyo la mano sobre la puerta y de un simple empujón empieza a abrirse lentamente. De repente un destello me ciega, agacho la mirada. Intento protegerme de esa luz con mi propia mano e inclino la cabeza para poder ver qué es.
Ahí está.
Con una cola, la camiseta suelta con un hombro descubierto, pantalones cortos y descalza. Podría preguntarme qué haces allí, cómo has entrado o simplemente quién eres; pero la primera pregunta que se hace en mi cabeza es ¿qué es esta sensación? Rozo tu piel y está ardiendo, ¿cómo es posible? Mis pies siguen helados. Mis dedos apenas los puedo sentir.
Lentamente va girando su rostro y... el vaho de mi propia boca no me deja verla bien. Solo aprecio la reacción de su mirada, parece tan confusa como yo.
Sigue esa melodía sonando cada vez más lentamente tras mi. Me doy la vuelta y para de sonar. Miro al frente y ella ya no está.


Y me vuelvo a despertar.
Un impulso y esta sensación de paz.