sábado, 19 de enero de 2013

Dejar paso al corazón

Fuera existe una lucha entre el viento y las nubes. Totalmente distintos, totalmente incompatibles.
Dentro, en la habitación, él mira al techo mientras ella marca el tiempo de su sueño tras cada respiración. El peso de su muslo sobre sus caderas y la mano sujetándolo por el costado como si no quisiera separarse de él. Sí, digo bien, 'como' si no quisiera. Él no está despierto por casualidad, fuera ruge el viento pero dentro de su cabeza suena con más fuerza cada pensamiento, cada hecho pasado. Lo que daría por saber qué es lo que sueña esa chica, qué es lo que le provoca estar allí jugando a quererse.
No lo puede evitar, cuantas más gotas caen sobre el cristal más nublada está su mente. No lo puede explicar, que en tan poco tiempo haya cambiado esa chica el presente.
No quería ver más allá del 'mi, me, conmigo'. No quería...
En esta historia ella no sueña con príncipes y él estaba montando en su caballo blanco sin darse cuenta.
Fuera ha cesado de llover, pero sus pensamientos mojan cada segundo la almohada.
¿Por qué lo hace tan complicado? "El sueño de todo hombre..." le dice ella. Lo que ella no sabe es que él no es un hombre cualquiera, uno más. Tiene ese lado sentimental que hace que se activa con un simple olor, una mirada o una sonrisa. Una palabra, un gesto, una caricia...
No está hecho para jugar a querer, si no para querer y sentir cada gesto en su piel.
No puede más, no puede engañarse día tras día, ya no.
Por mucho que quiera, debe de darlo por imposible.
Son totalmente distintos, totalmente incompatibles.

viernes, 7 de diciembre de 2012

¿Por qué calla el silencio?

Las gotas de lluvia chocan en los cristales y él empieza a pensar.
Como si dos dedos de aire manejasen las manillas del reloj cada vez que se encuentran dos cuerpos que se hacen inertes.
Se ha llegado a preguntar si de humo está lleno el aire que los separa, si detrás de cada mirada se mueven hilos que desvían sus palabras.
No logra entender que su sonrisa sea la causante de tanto insomnio. Puede entender, o al menos lo intenta, que la duda abarque con los brazos cualquier presencia dentro de su cabeza.
Miradas que no se cruzan ni en carriles de doble sentido.
Podría ser ella la tormenta y él el viento, aún así, haría un día soleado.
¿Ha cesado la lluvia fuera o en su interior?
Lo que ella no sabe es que él la quiere mirar, no sólo con los ojos, sino con la profundidad de su interior. Nada más lejos que saber qué piensa al despertar o qué camiseta se pondrá si mañana llueve.
No le queda más remedio que mirar el calendario e ir tachando un día tras otro. Saber que el tiempo pasa y no vuelve.
No sabe si mañana lloverá como hoy, qué camiseta se pondrá o qué pensará al despertar.
Lo único que sabe es que quiere conocerla cada día un poco más.

domingo, 11 de noviembre de 2012

La rabia de sentir

¿Cómo se puede decir lo que uno siente sin que haya daños colaterales?
¿Cómo puedo hacer que dos mentes sigan estando intactas si cuando fluye los sentimientos a través de las palabras una de ellas se derrumba y llena de vacío cualquier clase de compenetración?
¿Cómo explico lo inexplicable o lo que me cuesta tanto expresar?
¿Alguien me puede decir, o simplemente guiar, por dónde han de pisar mis pies cuando quiero salir de este agobio mental?
¿Por qué las preguntas retóricas no tienen respuestas si en ellas están innatas tales soluciones?
¿Mi torpeza sentimental puede ser la causante de esta inestable comunicación?
¿Pueden las dudas tranquilizarme si las empapo con vasos de ron?
¿Sabría alguien decirme dónde para a descansar el dolor?

¿Podría alguien abrazarme y tranquilizar mi corazón?

miércoles, 7 de noviembre de 2012

De oreja a oreja

Permíteme descuidarme, evadirme de este absurdo mundo donde si señalan a la luna todos la miran asombrados. Prefiero dibujarla con mi dedo en un sitio soleado, imaginar que me toca y estar a su lado.
Lo siento pero no hay nada que encontrar en mi. Ahora es el momento de desaparecer y no parar de sonreir. De mirarlas a todas y de mirarte a ti. De que me duela la barriga de tanto reír.
Perdona, pero, ya no estoy allí  En los cuentos de soñadores y príncipes de serrín. En el barco sin timón navegando un día gris.
No es fácil, pero es así. Mi mente vuela desnuda sin preocuparse de sufrir, bailando con mi soledad en un ritmo sin fin, coloreando las mañanas con distinto carmín.
Lo entiendo, no me puedes seguir. En mis sueños corro solo y despierto así: con el pelo empapado huyendo sin huir.
Tal vez lo entiendas, o tal vez empieces a rugir.
Bésame en la espalda, adiós, me largo de de aquí.
Apagaré con dos dedos el sol y el mundo va a descubrir.
Que existe una nueva luz porque voy a sonreir.

martes, 7 de agosto de 2012

Marea baja

Se pregunta cúal es el camino entre aquellos labios y los suyos.
Retumba la duda en su cabeza y el temblar en su voz.
"No puede ser", se repetía entonces.
"Y si pudo haber sido...", se repite en su interior.
Conoce la forma en que la ola llega a la orilla, y que de ahí se volverá; también sabía (o eso cree) que la orilla quería abrazar esa ola y no dejarla escapar.
"Qué complicada es la naturaleza", piensa mientras mira el mar, escucha canciones en su cabeza y sonríe al recordar.
Comprende que es lo mejor, estar así, sin más.
Se pregunta absurdamente: "¿Y si volviese atrás?"
Sólo sabe que hubo momentos en que la quiso besar.


--escrita 10 de Julio 2012--