domingo, 12 de abril de 2015

Ya está.

Te echo de menos,
esa es la verdad.
Te echo de menos
pero ya no puedo más.
Cansado de no verte,
desesperado de tanto pensar.
Vacío de no tenerte,
de no saber que pasará.
Te echo de menos,
no lo podré evitar.
Te echaré más de menos,
si en menos no estarás.

jueves, 13 de noviembre de 2014

Tic tac

Ahí está.
Se vuelve a pellizcar.
No hay rincón del cuarto que no haya llenado con su aire, ni estrella en el cielo que apagase al amanecer.
Caen gotas por su mejilla mientras fuera el viento se está enfadando.
Dorado y enmarañado está su pelo sobre la almohada, calando el aire de su cuello en ella.
Truenan las ventanas y de un salto se abrazan. Como si sus brazos fuesen paredes, la protege de cualquier mal, la estrecha fuerte hacía él y ella busca tal refugio.
Para de llover, pero no paran de latir los corazones. No para de escribirse esa historia.
Truena ahora en su interior.
Iluminando la habitación de un verde precioso, de una mirada implacable, de un abrazar sin contacto, de una magia que resalta su sonrisa.
Las manecillas del reloj están nerviosas: una quiere avanzar sin pausa, la otra quiere retrasar el tiempo. Quiere repetir una y otra vez sus encuentros, sus dar y recibir, sus te quiero y sus idiotas, sus besos y sus caricias, sus poemas y sus notas.
No hay nada más.
Que esperar al despertar. Al resurgir. Al volver a empezar.
A llenar de ilusión sus vidas, al imaginar sus mundos solo con idas.
Sin vueltas que retornen a un pasado.
Que ellos mismos son conscientes de sus propios pasos.
Parece que la manecilla del tiempo ya ha comprobado,
que se puede parar el tiempo, si ambos están al lado.

domingo, 10 de agosto de 2014

No hay tiempo que valga

Tumbado, mirando a un rincón de la habitación.
¿Cómo hacer para que el tiempo juegue al fin a su favor?
¿De qué está hecho el viento, que cuando cambia de rumbo le destroza la ilusión?
Se mezcla la humedad de sus ojos en el aire y le es inevitable recordar.
Vaga entre sus pensamientos. Cansado. Malhumorado. Derrotado.
Ha perdido más kilos, eso es verdad, pero le pesa la ausencia en su interior. El luchar sin victoria, el andar sin avanzar.
Cuenta con los dedos las veces que la ha odiado, las veces que la ha apartado de su lado, y cae en la cuenta de que podría contarlo incluso con su espalda, con una mesa, o simplemente con nada. Porque la siente, por mucho que a ella le cueste, la siente como a la que más. Desea cada segundo poder volver a sus brazos. Poder reiniciar cualquier fracaso.
¿Cómo hace para mostrarle que cuando duerme ya no sueña? Que solo lo hace cuando se levanta por las mañanas, con los ojos bien abiertos, e imaginársela a su lado.
¿Cómo hace para que sus palabras no se queden cortas, para que las palpitaciones hablen a través de sus labios, para enseñarle de qué material está hecho su mente?
Cuenta con los dedos las veces que la piensa, la ama incluso en la distancia, la respeta, la cuida... y le faltan manos, le faltan pies, le falta encontrar el valor exacto del infinito.
Y sí, mirando a ese rincón puede estar exagerando, lo sabe, pero es como lo siente. Es como lo vive.
Dos historias no son iguales.
Dos personas, menos.
La incertidumbre del futuro es lo que a él le perturba cuando ella duda; y a ella cuando él se ilusiona.
¿Dónde está el equilibrio entre el amor y la necesidad?
¿Por qué en esta habitación siente la necesidad de amarla?
¿Cómo explicarle que hay días de lluvia y otros con color?
Que en los días nublados, presente está el sol.
Por mucho que no se vea, por mucho que no brille con fuerzas, es así.
Cierra los ojos y vuelve a mirar. El rincón ha cambiado de lugar.
Se le escapa una sonrisa al pensar en su manera de hablar.
En sus bromas. En su risa. En su forma de pensar...
La siente, por mucho que vacile, la siente igual. De agua se ha llenado sus ojos todas las veces que la imaginó viajar.
Rellena sus energías con sus recuerdos: con aquellas frases, aquellas miradas, aquellos momentos en los que no existía nada más que dos corazones encerrados queriéndose tocar. Queriendo arrancar la piel para poder ver que hay dentro que la hace tan especial. Querer saber por qué duerme de lado o por qué prefiere trasnochar.
Solo busca una solución, la forma de demostrarle que ella es su obsesión.
El futuro no está escrito pero él quiero escribirlo con ella a su lado. Que si se le gasta la tinta, escribir con besos y abrazos. No quiere más historias. Ni dudas. Ni miedos.
Que no quiere un punto y final que no sea el lunar de su rostro.
Se ha tragado el orgullo, y ahora lo siente hacia ella.
Que si discuten que sea por saber quién besó primero.
Si ella ve el vaso medio vacío, él se levanta corriendo a la cocina para llenárselo.
Que si se despista por un momento y deja de pensar en ella, que sea porque se ha perdido en su mirada.
Si salen dudas, que las mismas se emborrachen y ya las cuidan cuando tengan resaca.
Que si se cansa, él se duerme a su lado, abrazado a ella hasta que se recupere y ya siguen mañana.
Si hace viento un día de playa, sus toallas harán de pared y sus cuerpos de abrigo.
Habrá separación de bienes: tu pasado y el mio.
Si la tristeza acecha, que aparezca su alegría a pies puntillas.
Que si se desvela en la cama que sea porque le está clavando las rodillas.
Si no hablan que los muelles hagan callar al silencio.
Que si son felices... no dejar pasar ese momento.

lunes, 14 de julio de 2014

Y ahora... qué?

La llama se empezó a tambalear.
En esa neblina que eran sus dudas, la vela no daba claridad.
Lo sabe.
Y yace expectante al paso del tiempo, al transcurso de sus pensamientos. Espera un milagro, una acción, un cambio de rumbo del viento que entre en su habitación. Necesita de una luz.
De ella.
En silencio la busca. Cierra los ojos fuertemente para, tal vez, verla. Para, tal vez, tenerla por última vez. Su piel sigue alerta por si el aire quiere traer una caricia despistada de sus dedos en la distancia.
Duerme con la ventana abierta, quién sabe, tal vez aparezca de madrugada con un manto de estrellas y le cubra de este frío inerte, de esta espera sin reloj.
Sigue cerrando los ojos tan fuerte que llegan a doler, como sus ojos verdes cuando se clavaban en él. Parece que aún lo siente: aquellas rodillas encogidas y haciéndose hueco en su espalda. Aquella cabeza dormida sobre su hombro sin saber nada.

Desliza los dedos sobre la almohada, haciendo una copia inútil de su piel, viendo que no se estremece como cuando sus dedos caminaban en su espalda. Como ese cosquilleo que se encontraba en cualquier resquicio de ella.
Ya no sabe si tiene los ojos cerrados o está en un leve letargo, pero llega a oír ese "No te vayas" que eriza su piel, alegra e entristece su interior. ¿Cómo puede provocar ambos sentimientos solo tres palabras? Tanta alegría de saber que ella lo siente, tanta tristeza de saber que ya no está.
Entreabre los ojos con la mirada bloqueada.
La llama sigue consumiéndose a mayor velocidad.

"No te vayas" dice con la voz quebrada.
Y se hizo la oscuridad.

jueves, 10 de julio de 2014

Sin más

¿Y si te digo que no quiero dejarte ir?
No es humana la forma de echarte de menos, la manera de quererte sentir.
¿Cómo respiro si no tengo un cuello en el que apoyarme?
¿Cómo te miro si lo único que deseo es que nos separe un milímetro de aire?
Quiero verte.
No son las únicas dos palabras que salen de mi.
Quiero olerte.
Suelo cerrar los ojos para tenerte aquí.
Quiero abrazarte.
Y besarte.
Perderme en tu mirada si con ello el tiempo me quiere acompañar.
Saborear el momento en que tu respiración se contenga sin poderla soltar.
Añorar al silencio porque tus palabras no le dejan lugar.
Extrañar un 'te quiero' porque los besos no los dejan nombrar.
Liberar el tiempo en el que tus manos me empiezan a acariciar.
Eludir el deseo, que en la cocina los dos queremos acabar.
Quiero verte.
No hay más que pueda comentar.
Quiero tenerte.
Y de tu mano poder caminar.
No quiero dejarte ir porque te siento de verdad.
Te echo de menos, y esto solo acaba de empezar.