El contacto de mis alegrias con el pensamiento pasado es un hecho que ya está borrado.
Quisiera que hubiese un retraso de cinco segundos cada vez que miro su nombre y salta la alarma en mi cabeza. Quisiera que fuesen cinco segundos para asi poder evitar cualquier movimiento de torpeza.
Es como cuando tiras un avión de papel por la ventana, sabes de sobra que va a caer, tarde o temprano caerá, pero esperas que sea más tarde que temprano porque aún tienes fé. Sé que esto va a caer y no quiero alargar el tiempo asi que provoco que el viento entre en juego. Esto no funciona asi. No hay que provocar nada, solo hay que esperar y si sigue volando pues quién sabe, a lo mejor es porque no es el momento de cerrar la ventana si no de ver que sucede en su camino. Tal vez es necesario ver como empieza a caer lentamente, dando giros y más giros bruscos. Sí, esta sensación que tienes dentro es de impotencia porque hicistes el avión con tal delicadeza que querias alcanzar la perfección pero... ahora no depende de ti. La agonía de ver cómo cae desde un sexto piso. ¿Puede ser peor? Cuando no lo crees empieza ahora a llover. Pues sí, podía ir a peor pero no entiendo por qué estoy así si ya sabía que iba a pasar. Siempre he sido de los que le echan el aliento antes de echarlos a volar, estoy convencido de que ese calor da fuerzas y ánimos, el saber que somos dos en uno, que mi mente volaba a su lado que le doy consistencia desde la distancia. Este avión parece que no confiaba en esto. Miro desde la altura lo insignificante que queda despues de haber salido despegando de mis manos. Pero yo no le pregunté nunca si quería volar o estar en mi mesilla de noche. No le pregunté. Pensaba que estar cerca de mi era mejor que un triste vuelo de unos... ¿segundos? Bueno, es lo que hay. Parece que probó ese vuelo y se arrepintió. (No lo sé, la verdad... no me importa).
No pasa nada por haber estado dos minutos y diez segundos dedicándole mi tiempo y mis ganas a este avión. Me apetecia. Nunca he sido de hacer aviones deprisa y corriendo que duren miseros segundos (tales como este último vuelo). Mis manos no quieren perder el tiempo mimando cada pliegue o cada acaricia de perfección, ahora solo están para moldear cosas más importantes (al menos importantes en este momento). He acabado bastante cansado y ahora mismo es un hecho obviado...
Con esto no digo que no tenga pensado hacer ningún otro avión más, incluso puedo decir que ya sé cómo hacerlos volar.
lunes, 28 de noviembre de 2011
miércoles, 23 de noviembre de 2011
Absurdo
Es el momento en el que se junta la torpeza y la desesperación.
Siento como recorre el veneno por cada arteria.
Escupo los deseos de un cupido que no quiere nada de mi.
Vacío. Rechazo a mi mismo.
No descubro nada que no sea tu odio.
Grito de dos relámpagos que no me dejan ver.
Lo he pensado, luego he dejado de existir.
Navegar con turbulencias, distinguir con colores que no pintan objetos.
Emigrar al delirio del viento.
Se ha secado el pincel que usaba para escribir tu nombre en el cielo,
ya no hay saliva que lo vuelva a revivir.
Araño los cristales, no quiero salir de aquí.
Detesto los olores, esos que me recuerdan a ti.
Le hago un guiño al desengaño y vuelve a enamorarse de mi.
Enebro mi ojo con cuchillas, las quiero divertir.
Como un comecocos en el cielo voy detrás de las estrellas.
Te veo a dejar el cielo desierto para que veas mi pena.
Huye la razón descalza y se clava los cristales, la está persiguiendo la imaginación como anormales.
Recordar poco a poco las situaciones que hicieron crecer este dolor,
hace que pierda la cordura, tal vez sea un error... pero si alguna vez quise olvidar, este es el momento.
Si alguna vez te quise, ese es mi lamento.
Siento como recorre el veneno por cada arteria.
Escupo los deseos de un cupido que no quiere nada de mi.
Vacío. Rechazo a mi mismo.
No descubro nada que no sea tu odio.
Grito de dos relámpagos que no me dejan ver.
Lo he pensado, luego he dejado de existir.
Navegar con turbulencias, distinguir con colores que no pintan objetos.
Emigrar al delirio del viento.
Se ha secado el pincel que usaba para escribir tu nombre en el cielo,
ya no hay saliva que lo vuelva a revivir.
Araño los cristales, no quiero salir de aquí.
Detesto los olores, esos que me recuerdan a ti.
Le hago un guiño al desengaño y vuelve a enamorarse de mi.
Enebro mi ojo con cuchillas, las quiero divertir.
Como un comecocos en el cielo voy detrás de las estrellas.
Te veo a dejar el cielo desierto para que veas mi pena.
Huye la razón descalza y se clava los cristales, la está persiguiendo la imaginación como anormales.
Recordar poco a poco las situaciones que hicieron crecer este dolor,
hace que pierda la cordura, tal vez sea un error... pero si alguna vez quise olvidar, este es el momento.
Si alguna vez te quise, ese es mi lamento.
domingo, 20 de noviembre de 2011
Tren de recuerdos
Se me hace extraño coger el tren. A dos horas de que lo haga pero tengo una sensación rara. Hacía tiempo que no lo cogía y mi situación era otra.
Bueno, la verdad que no ha variado mucho, ¿o si?
Siempre que me iba de vuelta, por dentro sentía esa impotencia de no querer pero no poder. Los días felices que pasaba a tu lado, ya fuese dos o tres, pero que días...
El viaje de ida era una adrenalina estática constante, era una sonrisa como cualquier bobo enamorado. Me ponía nervioso hasta para dar un paso o el simple hecho de ver que ya estaba llegando al final del trayecto. Que días quellos...
La vez que me esperastes y descubrir que existía una forma de medir el tiempo que no fuesen los minutos.
Ahora, en cambio, no sé que ocurre (sí lo sé pero no quiero darme cuenta). A dos horas de coger el tren que parece que me lleva al lugar donde tengo que estar. Dejando atrás cualquier pensamiento que no me haga progresar. Lo estoy consiguiendo. Sí. Pero cómo cuesta mantener la cabeza alta cuando llueven cristales.
Se me hace extraño coger el tren, pero más extraño se me hace engañar al olvido.
Bueno, la verdad que no ha variado mucho, ¿o si?
Siempre que me iba de vuelta, por dentro sentía esa impotencia de no querer pero no poder. Los días felices que pasaba a tu lado, ya fuese dos o tres, pero que días...
El viaje de ida era una adrenalina estática constante, era una sonrisa como cualquier bobo enamorado. Me ponía nervioso hasta para dar un paso o el simple hecho de ver que ya estaba llegando al final del trayecto. Que días quellos...
La vez que me esperastes y descubrir que existía una forma de medir el tiempo que no fuesen los minutos.
Ahora, en cambio, no sé que ocurre (sí lo sé pero no quiero darme cuenta). A dos horas de coger el tren que parece que me lleva al lugar donde tengo que estar. Dejando atrás cualquier pensamiento que no me haga progresar. Lo estoy consiguiendo. Sí. Pero cómo cuesta mantener la cabeza alta cuando llueven cristales.
Se me hace extraño coger el tren, pero más extraño se me hace engañar al olvido.
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Puedes porque quiero.
Hay que mirar al miedo de frente y apretar los dientes.
Es dificil cuando intentas coger la esperanza con las dos manos y ves como se te escapa de entre los dedos y se une al cielo para perderse en la claridad.
Te cega el sol, que le vamos a hacer.
Tienes que saber que esconderse tras las lamentaciones no es una opción.
Mirar hacia delante es la solución.
Corre si te apetece. Salta encima de un charco y moja al que tengas al lado.
Pero vive. A lo mejor te arrepientas de cosas pero oye, sonrie.
No amarres a la tristeza con esa cuerda que se une en tu cintura.
No escuches al pasado, que solo te creará dudas.
Si hace falta me pongo en el suelo para que pises en mi espalda y no tropieces con el terreno pero escúchame cuando te digo: sonríe.
Regala a la gente ese gesto que esperan cada mañana, que si por mi fuera, quisiera tenerlo siempre al alba.
No es momento de pararse, ni tampoco de pensar. Es tiempo de mirar arriba y gritar.
Desahogate rompiendo el silencio. Vamos a partirle las piernas al sufrimiento.
Yo también tengo fuego dentro de mi, quememos poco a poco el recuerdo y salgamos de aqui.
Que acabo de secuestrar a las nubes, una a una, y hoy tendremos este día sin lluvia.
Dale un portazo a la ausencia cuando intente entrar en tu cuerpo. Tatúate 'coraje' en tu pensamiento.
Si falta te hace te haré una transfusión de energía, pero no le niegues al mundo tu alegría.
Y oye, sonríe.
Es dificil cuando intentas coger la esperanza con las dos manos y ves como se te escapa de entre los dedos y se une al cielo para perderse en la claridad.
Te cega el sol, que le vamos a hacer.
Tienes que saber que esconderse tras las lamentaciones no es una opción.
Mirar hacia delante es la solución.
Corre si te apetece. Salta encima de un charco y moja al que tengas al lado.
Pero vive. A lo mejor te arrepientas de cosas pero oye, sonrie.
No amarres a la tristeza con esa cuerda que se une en tu cintura.
No escuches al pasado, que solo te creará dudas.
Si hace falta me pongo en el suelo para que pises en mi espalda y no tropieces con el terreno pero escúchame cuando te digo: sonríe.
Regala a la gente ese gesto que esperan cada mañana, que si por mi fuera, quisiera tenerlo siempre al alba.
No es momento de pararse, ni tampoco de pensar. Es tiempo de mirar arriba y gritar.
Desahogate rompiendo el silencio. Vamos a partirle las piernas al sufrimiento.
Yo también tengo fuego dentro de mi, quememos poco a poco el recuerdo y salgamos de aqui.
Que acabo de secuestrar a las nubes, una a una, y hoy tendremos este día sin lluvia.
Dale un portazo a la ausencia cuando intente entrar en tu cuerpo. Tatúate 'coraje' en tu pensamiento.
Si falta te hace te haré una transfusión de energía, pero no le niegues al mundo tu alegría.
Y oye, sonríe.
sábado, 12 de noviembre de 2011
Ella
"Quiero pedirte perdón, ..."
Lo siento por no haberte hecho caso en tiempos pasados.
Por dejarte ir con otras personas y no querer estar contigo a solas.
Por no contarte mis cosas o mis inquietudes.
Perdóname de nuevo, por no pararme un segundo y saludarte. Ni desliar lo que pasaba por mi mente.
De verdad que no quería esquivarte, solo que pensaba que no me harías falta nunca.
Me he dado cuenta que contigo las cosas se ven de otra manera. Que pienso más en los pequeños detalles.
LLego a los rincones de mi corazón con mucha facilidad. Tu forma de ser pone a prueba mi fragilidad.
Haces que mis palabras fluyan como un río que desemboca en el mar y que mis principios se acentúen con el paso de los minutos.
Es triste pensar que solo contigo es con quien, ahora mismo, quiero estar. Que tu conversación es ilimitada.
No te enfadas. No te descolocas. Estás siempre pendiente de mi, a pesar de que yo quiera evitarte para no caer en la locura.
Cuando respiramos el mismo aire me relaja.
Ultimamente no me has dejado ni un segundo.
Estos días pasados que he estado mal de salud, ahí estabas.
Tú, solo tú.
LLevas casi un mes llamándome todas las noches cuando me quedo en el piso.
Entras en mi cama sin pedir permiso.
Me he llegado a plantear si esto me hará bien o me hará mal.
No puedo describirte al despertar, cuando miro a mi lado y ahí estás.
Pero tú y yo sabemos que esta situación se va a acabar.
Sé, y sabes, que pronto llegará alguien a mi vida, que dejaremos de hablarnos, que pasarás a un segundo plano y, quién sabe, no volvamos a vernos más.
Te doy las gracias por todas las veces que has vaciado cada sentimiento de mi cabeza.
Sabes mejor que nadie como soy. Ayer, mañana y hoy.
Debo decirte con tranquilidad:
"Quiero perdirte perdón, soledad"
Lo siento por no haberte hecho caso en tiempos pasados.
Por dejarte ir con otras personas y no querer estar contigo a solas.
Por no contarte mis cosas o mis inquietudes.
Perdóname de nuevo, por no pararme un segundo y saludarte. Ni desliar lo que pasaba por mi mente.
De verdad que no quería esquivarte, solo que pensaba que no me harías falta nunca.
Me he dado cuenta que contigo las cosas se ven de otra manera. Que pienso más en los pequeños detalles.
LLego a los rincones de mi corazón con mucha facilidad. Tu forma de ser pone a prueba mi fragilidad.
Haces que mis palabras fluyan como un río que desemboca en el mar y que mis principios se acentúen con el paso de los minutos.
Es triste pensar que solo contigo es con quien, ahora mismo, quiero estar. Que tu conversación es ilimitada.
No te enfadas. No te descolocas. Estás siempre pendiente de mi, a pesar de que yo quiera evitarte para no caer en la locura.
Cuando respiramos el mismo aire me relaja.
Ultimamente no me has dejado ni un segundo.
Estos días pasados que he estado mal de salud, ahí estabas.
Tú, solo tú.
LLevas casi un mes llamándome todas las noches cuando me quedo en el piso.
Entras en mi cama sin pedir permiso.
Me he llegado a plantear si esto me hará bien o me hará mal.
No puedo describirte al despertar, cuando miro a mi lado y ahí estás.
Pero tú y yo sabemos que esta situación se va a acabar.
Sé, y sabes, que pronto llegará alguien a mi vida, que dejaremos de hablarnos, que pasarás a un segundo plano y, quién sabe, no volvamos a vernos más.
Te doy las gracias por todas las veces que has vaciado cada sentimiento de mi cabeza.
Sabes mejor que nadie como soy. Ayer, mañana y hoy.
Debo decirte con tranquilidad:
"Quiero perdirte perdón, soledad"
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