Circulaba con constantes idas y venidas.
Lentas, pero continuas.
La calma se afianzó bajo unos huesos, un poco martillados, un tanto perpetrados.
Asustaba a la racionalidad con tal excesividad que ni la propia tolerancia sabía de dónde venía. Ni a dónde irá.
Mas no existen cuerdos en ese lugar. Ríos de un color anaranjado que la servidumbre de la gran estrella no quiere iluminar.
Montañas viejas, destruidas, donde erosinan los problemas una vez. Y miles de veces más.
Será.
¿Acaso es que las tinieblas engendran problemas que el día sabe ocultar?
¿O que el banco de algún parque haga que este peso se reduzca en algo tan simple como respirar?
Resta importancia a la carne cuando los sentimientos no puede alcanzar.
Un crujir de critales rojos ya no dejan esas constantes circular.
viernes, 10 de julio de 2015
lunes, 20 de abril de 2015
Y quiero
Van cayendo una a una las flores. No tuve tiempo ni de pincharme con sus espinas.
Apaga la luz que me ciega tanta luminosidad, tanto brillo irracional, tanta intensidad superficial.
Podría olvidarme de mi. (¿La verdad? No puedo.)
Necesitaría alejarme de mi propia mente. No pensar.
Evadirme del mundo. Silenciar cada pensamiento cuando amanece o cada pregunta cuando anochece.
¿Qué pensará el sol cuando subo la persiana?
A veces, solo a veces, escribo en el espejo su nombre, sus nombres... Y, ¿De qué sirve?
Podría olvidarme de mi pero, ¿la verdad? No puedo.
No es cuestión de buscar, ni de llegar a encontrar. La respuesta está en no moverte, no reaccionar.
Recorrer con el dedo índice las costuras del sofá mientras mi mirada vaga en el recuerdo abstraída del tiempo.
Dame más alcohol que quiero nublar la imagen de su cuerpo en mi mente.
Puede ser, qué se yo, un hilo de luz asomándose en sus hombros. La estela de un cuadro que lleva tiempo descolgado de la pared donde yacen imágenes dibujadas con el vaho de cada mañana.
O tal vez, por decir algo, podría ser un barrido de un color verdoso que no se apagase, que no cegase con tanta luminosidad, tanto brillo racional, tanta intensidad interior.
Van levantándose una a una las flores. Tengo todo el tiempo del mundo.
Podría olvidarme de ti. ¿La verdad?
Apaga la luz que me ciega tanta luminosidad, tanto brillo irracional, tanta intensidad superficial.
Podría olvidarme de mi. (¿La verdad? No puedo.)
Necesitaría alejarme de mi propia mente. No pensar.
Evadirme del mundo. Silenciar cada pensamiento cuando amanece o cada pregunta cuando anochece.
¿Qué pensará el sol cuando subo la persiana?
A veces, solo a veces, escribo en el espejo su nombre, sus nombres... Y, ¿De qué sirve?
Podría olvidarme de mi pero, ¿la verdad? No puedo.
No es cuestión de buscar, ni de llegar a encontrar. La respuesta está en no moverte, no reaccionar.
Recorrer con el dedo índice las costuras del sofá mientras mi mirada vaga en el recuerdo abstraída del tiempo.
Dame más alcohol que quiero nublar la imagen de su cuerpo en mi mente.
Puede ser, qué se yo, un hilo de luz asomándose en sus hombros. La estela de un cuadro que lleva tiempo descolgado de la pared donde yacen imágenes dibujadas con el vaho de cada mañana.
O tal vez, por decir algo, podría ser un barrido de un color verdoso que no se apagase, que no cegase con tanta luminosidad, tanto brillo racional, tanta intensidad interior.
Van levantándose una a una las flores. Tengo todo el tiempo del mundo.
Podría olvidarme de ti. ¿La verdad?
domingo, 12 de abril de 2015
Ya está.
Te echo de menos,
esa es la verdad.
Te echo de menos
pero ya no puedo más.
Cansado de no verte,
desesperado de tanto pensar.
Vacío de no tenerte,
de no saber que pasará.
Te echo de menos,
no lo podré evitar.
Te echaré más de menos,
si en menos no estarás.
esa es la verdad.
Te echo de menos
pero ya no puedo más.
Cansado de no verte,
desesperado de tanto pensar.
Vacío de no tenerte,
de no saber que pasará.
Te echo de menos,
no lo podré evitar.
Te echaré más de menos,
si en menos no estarás.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Tic tac
Ahí está.
Se vuelve a pellizcar.
No hay rincón del cuarto que no haya llenado con su aire, ni estrella en el cielo que apagase al amanecer.
Caen gotas por su mejilla mientras fuera el viento se está enfadando.
Dorado y enmarañado está su pelo sobre la almohada, calando el aire de su cuello en ella.
Truenan las ventanas y de un salto se abrazan. Como si sus brazos fuesen paredes, la protege de cualquier mal, la estrecha fuerte hacía él y ella busca tal refugio.
Para de llover, pero no paran de latir los corazones. No para de escribirse esa historia.
Truena ahora en su interior.
Iluminando la habitación de un verde precioso, de una mirada implacable, de un abrazar sin contacto, de una magia que resalta su sonrisa.
Las manecillas del reloj están nerviosas: una quiere avanzar sin pausa, la otra quiere retrasar el tiempo. Quiere repetir una y otra vez sus encuentros, sus dar y recibir, sus te quiero y sus idiotas, sus besos y sus caricias, sus poemas y sus notas.
No hay nada más.
Que esperar al despertar. Al resurgir. Al volver a empezar.
A llenar de ilusión sus vidas, al imaginar sus mundos solo con idas.
Sin vueltas que retornen a un pasado.
Que ellos mismos son conscientes de sus propios pasos.
Parece que la manecilla del tiempo ya ha comprobado,
que se puede parar el tiempo, si ambos están al lado.
domingo, 10 de agosto de 2014
No hay tiempo que valga
Tumbado, mirando a un rincón de la habitación.
¿Cómo hacer para que el tiempo juegue al fin a su favor?
¿De qué está hecho el viento, que cuando cambia de rumbo le destroza la ilusión?
Se mezcla la humedad de sus ojos en el aire y le es inevitable recordar.
Vaga entre sus pensamientos. Cansado. Malhumorado. Derrotado.
Ha perdido más kilos, eso es verdad, pero le pesa la ausencia en su interior. El luchar sin victoria, el andar sin avanzar.
Cuenta con los dedos las veces que la ha odiado, las veces que la ha apartado de su lado, y cae en la cuenta de que podría contarlo incluso con su espalda, con una mesa, o simplemente con nada. Porque la siente, por mucho que a ella le cueste, la siente como a la que más. Desea cada segundo poder volver a sus brazos. Poder reiniciar cualquier fracaso.
¿Cómo hace para mostrarle que cuando duerme ya no sueña? Que solo lo hace cuando se levanta por las mañanas, con los ojos bien abiertos, e imaginársela a su lado.
¿Cómo hace para que sus palabras no se queden cortas, para que las palpitaciones hablen a través de sus labios, para enseñarle de qué material está hecho su mente?
Cuenta con los dedos las veces que la piensa, la ama incluso en la distancia, la respeta, la cuida... y le faltan manos, le faltan pies, le falta encontrar el valor exacto del infinito.
Y sí, mirando a ese rincón puede estar exagerando, lo sabe, pero es como lo siente. Es como lo vive.
Dos historias no son iguales.
Dos personas, menos.
La incertidumbre del futuro es lo que a él le perturba cuando ella duda; y a ella cuando él se ilusiona.
¿Dónde está el equilibrio entre el amor y la necesidad?
¿Por qué en esta habitación siente la necesidad de amarla?
¿Cómo explicarle que hay días de lluvia y otros con color?
Que en los días nublados, presente está el sol.
Por mucho que no se vea, por mucho que no brille con fuerzas, es así.
Cierra los ojos y vuelve a mirar. El rincón ha cambiado de lugar.
Se le escapa una sonrisa al pensar en su manera de hablar.
En sus bromas. En su risa. En su forma de pensar...
La siente, por mucho que vacile, la siente igual. De agua se ha llenado sus ojos todas las veces que la imaginó viajar.
Rellena sus energías con sus recuerdos: con aquellas frases, aquellas miradas, aquellos momentos en los que no existía nada más que dos corazones encerrados queriéndose tocar. Queriendo arrancar la piel para poder ver que hay dentro que la hace tan especial. Querer saber por qué duerme de lado o por qué prefiere trasnochar.
Solo busca una solución, la forma de demostrarle que ella es su obsesión.
El futuro no está escrito pero él quiero escribirlo con ella a su lado. Que si se le gasta la tinta, escribir con besos y abrazos. No quiere más historias. Ni dudas. Ni miedos.
Que no quiere un punto y final que no sea el lunar de su rostro.
Se ha tragado el orgullo, y ahora lo siente hacia ella.
Que si discuten que sea por saber quién besó primero.
Si ella ve el vaso medio vacío, él se levanta corriendo a la cocina para llenárselo.
Que si se despista por un momento y deja de pensar en ella, que sea porque se ha perdido en su mirada.
Si salen dudas, que las mismas se emborrachen y ya las cuidan cuando tengan resaca.
Que si se cansa, él se duerme a su lado, abrazado a ella hasta que se recupere y ya siguen mañana.
Si hace viento un día de playa, sus toallas harán de pared y sus cuerpos de abrigo.
Habrá separación de bienes: tu pasado y el mio.
Si la tristeza acecha, que aparezca su alegría a pies puntillas.
Que si se desvela en la cama que sea porque le está clavando las rodillas.
Si no hablan que los muelles hagan callar al silencio.
Que si son felices... no dejar pasar ese momento.
¿Cómo hacer para que el tiempo juegue al fin a su favor?
¿De qué está hecho el viento, que cuando cambia de rumbo le destroza la ilusión?
Se mezcla la humedad de sus ojos en el aire y le es inevitable recordar.
Vaga entre sus pensamientos. Cansado. Malhumorado. Derrotado.
Ha perdido más kilos, eso es verdad, pero le pesa la ausencia en su interior. El luchar sin victoria, el andar sin avanzar.
Cuenta con los dedos las veces que la ha odiado, las veces que la ha apartado de su lado, y cae en la cuenta de que podría contarlo incluso con su espalda, con una mesa, o simplemente con nada. Porque la siente, por mucho que a ella le cueste, la siente como a la que más. Desea cada segundo poder volver a sus brazos. Poder reiniciar cualquier fracaso.
¿Cómo hace para mostrarle que cuando duerme ya no sueña? Que solo lo hace cuando se levanta por las mañanas, con los ojos bien abiertos, e imaginársela a su lado.
¿Cómo hace para que sus palabras no se queden cortas, para que las palpitaciones hablen a través de sus labios, para enseñarle de qué material está hecho su mente?
Cuenta con los dedos las veces que la piensa, la ama incluso en la distancia, la respeta, la cuida... y le faltan manos, le faltan pies, le falta encontrar el valor exacto del infinito.
Y sí, mirando a ese rincón puede estar exagerando, lo sabe, pero es como lo siente. Es como lo vive.
Dos historias no son iguales.
Dos personas, menos.
La incertidumbre del futuro es lo que a él le perturba cuando ella duda; y a ella cuando él se ilusiona.
¿Dónde está el equilibrio entre el amor y la necesidad?
¿Por qué en esta habitación siente la necesidad de amarla?
¿Cómo explicarle que hay días de lluvia y otros con color?
Que en los días nublados, presente está el sol.
Por mucho que no se vea, por mucho que no brille con fuerzas, es así.
Cierra los ojos y vuelve a mirar. El rincón ha cambiado de lugar.
Se le escapa una sonrisa al pensar en su manera de hablar.
En sus bromas. En su risa. En su forma de pensar...
La siente, por mucho que vacile, la siente igual. De agua se ha llenado sus ojos todas las veces que la imaginó viajar.
Rellena sus energías con sus recuerdos: con aquellas frases, aquellas miradas, aquellos momentos en los que no existía nada más que dos corazones encerrados queriéndose tocar. Queriendo arrancar la piel para poder ver que hay dentro que la hace tan especial. Querer saber por qué duerme de lado o por qué prefiere trasnochar.
Solo busca una solución, la forma de demostrarle que ella es su obsesión.
El futuro no está escrito pero él quiero escribirlo con ella a su lado. Que si se le gasta la tinta, escribir con besos y abrazos. No quiere más historias. Ni dudas. Ni miedos.
Que no quiere un punto y final que no sea el lunar de su rostro.
Se ha tragado el orgullo, y ahora lo siente hacia ella.
Que si discuten que sea por saber quién besó primero.
Si ella ve el vaso medio vacío, él se levanta corriendo a la cocina para llenárselo.
Que si se despista por un momento y deja de pensar en ella, que sea porque se ha perdido en su mirada.
Si salen dudas, que las mismas se emborrachen y ya las cuidan cuando tengan resaca.
Que si se cansa, él se duerme a su lado, abrazado a ella hasta que se recupere y ya siguen mañana.
Si hace viento un día de playa, sus toallas harán de pared y sus cuerpos de abrigo.
Habrá separación de bienes: tu pasado y el mio.
Si la tristeza acecha, que aparezca su alegría a pies puntillas.
Que si se desvela en la cama que sea porque le está clavando las rodillas.
Si no hablan que los muelles hagan callar al silencio.
Que si son felices... no dejar pasar ese momento.
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