No encuentro la salida por muy grande que esté el letrero.
Estoy en medio. Ni fuera, ni dentro. En medio.
¿Hace falta que vengan y me empujen? Porque por mucho que tiren de mi, muy dentro no llego a estar.
Sonrío sin dejar de pasar el dedo indice por mi frente. Sonrío, porque no puedo más.
La cabeza me va a estallar. Circunstancias. Ambigüedades. Incoherencias. Dudas...
Gestos que dicen mucho sin pronunciar palabra.
Qué fácil es rendirse y qué cansado es luchar (contra viento y marea es imposible avanzar).
No es mi culpa. Lo sé.
Me pierden las formas. También.
Sonoras suenan aunque no salgan de mi boca, pero se quedan encerradas y dan vueltas como un pájaro nervioso en su jaula.
Miro al mar y ya dudo, sí, pero ¿qué puedo hacer? Intento descansar mis pensamientos pero ni siquiera duermo bien.
Qué desastre. Qué desilusión. Qué roce del lamento con la perdición.
LLevo un tiempo buscando sin encontrar,
aspirar sin respirar,
amando sin amar...
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