No te quiero.
Así, sin más.
Mienten las palabras, miente el tiempo, mienten los demás.
No quiero verte.
Qué más hará?
El destino ya no puede coser sin nuestro caminar.
No me gustas.
Ni me volverás a gustar.
Son letras que se escriben solas, sin presionar.
No me llames, no lo diré más.
Son excusas de psicópata que no tienen final.
Así explote mi pecho, no te diré más.
Que te quiero,
que ojalá te viese ya.
Me hace falta tu aire para poder respirar.
lunes, 10 de julio de 2017
jueves, 16 de junio de 2016
Minutos, y más
Déjame.
No lo intentes entender.
Si no la tienes enfrente,
nunca lo podrás comprender.
Que ni el horóscopo entiende de miradas
como las que ella suele dar,
ni recibe esa fuerza
cuando sus brazos te comienzan a rodear.
Para.
No me quieras liar.
Es difícil que sepas lo que siente mi piel
cuando no hay nadie más.
Que ni el sofá se queda en su sitio,
ni la pared quieta puede estar.
Solo el tiempo es el que se frena en mi pecho
cuando su sonrisa saca a pasear.
El letargo de mi mente,
tan bobo sin saber reaccionar.
Que mis dientes solo quieren
que su reflejo no los deje de brillar.
No lo intentes entender.
Si no la tienes enfrente,
nunca lo podrás comprender.
Que ni el horóscopo entiende de miradas
como las que ella suele dar,
ni recibe esa fuerza
cuando sus brazos te comienzan a rodear.
Para.
No me quieras liar.
Es difícil que sepas lo que siente mi piel
cuando no hay nadie más.
Que ni el sofá se queda en su sitio,
ni la pared quieta puede estar.
Solo el tiempo es el que se frena en mi pecho
cuando su sonrisa saca a pasear.
El letargo de mi mente,
tan bobo sin saber reaccionar.
Que mis dientes solo quieren
que su reflejo no los deje de brillar.
jueves, 12 de mayo de 2016
Háblame de otro lugar
Y ahora que el aire huele a vainilla, no sé si debo respirar.
Si cierro los ojos, tal vez la pueda encontrar.
Como esos abrazos eternos. Esa fuerza tan inmensa rodeando mi cuerpo.
Esa sensación de que ya puede desmoronarse el mundo a nuestro alrededor que yo, así, estoy protegido.
Dentro de mi se llegaba a articular: "no te vayas, no quiero verte marchar".
Y me gustaba.
Ese despiste casi perfecto, donde me podría acostumbrar a sacar el mechero de su bolsillo, sin ella saber dónde está.
O el momento en el que duerme, profundamente, pero sus manos buscan mi cuerpo como si fuese el punto de apoyo de sus sueños.
Mi dedo surcaba cada resquicio de su mejilla, para que cuando no este, poder dibujar su rostro en la almohada.
Siempre alegre. Cómo me gusta.
Un lunar solitario, posado timidamente en un labio, esperando ser rescatado por algun atrevimiento.
Podía tocar una sinfonía, en clave de sol, con mis dedos componiendo en su espalda caricias sin final.
Muchas cosas que decir,
otras que sentir.
Yo sin saber qué hacer.
Y, de repente, empieza a llover.
Si cierro los ojos, tal vez la pueda encontrar.
Como esos abrazos eternos. Esa fuerza tan inmensa rodeando mi cuerpo.
Esa sensación de que ya puede desmoronarse el mundo a nuestro alrededor que yo, así, estoy protegido.
Dentro de mi se llegaba a articular: "no te vayas, no quiero verte marchar".
Y me gustaba.
Ese despiste casi perfecto, donde me podría acostumbrar a sacar el mechero de su bolsillo, sin ella saber dónde está.
O el momento en el que duerme, profundamente, pero sus manos buscan mi cuerpo como si fuese el punto de apoyo de sus sueños.
Mi dedo surcaba cada resquicio de su mejilla, para que cuando no este, poder dibujar su rostro en la almohada.
Siempre alegre. Cómo me gusta.
Un lunar solitario, posado timidamente en un labio, esperando ser rescatado por algun atrevimiento.
Podía tocar una sinfonía, en clave de sol, con mis dedos componiendo en su espalda caricias sin final.
Muchas cosas que decir,
otras que sentir.
Yo sin saber qué hacer.
Y, de repente, empieza a llover.
jueves, 14 de abril de 2016
16 de marzo
Un día después de nacer.
Se aceleraron las ganas de querer.
Culpa de ella, culpa de él.
Sentimientos contradictorios a flor de piel.
El tiempo, jugó también,
desnudando con pausas un juego poco cruel.
De repente sonó esa canción
sin ninguna maldad:
"Ahora dime que no,
perdemos los dos si te vas..."
No pudo reprimir el sentimiento y,
sin articular palabra,
empezó a fundir recuerdos.
De chocolate fueron los besos,
donde el sofá retuvo dos cuerpos intensos.
Y, ¿ahora qué?
Sopló el viento.
En una playa llena de preguntas
y un lamento.
Ella, con la cabeza baja,
mira la arena.
Él, sin esperanzas,
no quita sus ojos de ella.
Y es que no existe un vacío tan lleno
como aquel momento,
en que dos almas se encontraron
en el peor tiempo.
Curioso es el destino,
la puerta que él abrió,
ahora es ella quien la cierra
por culpa del amor.
Y no hay más,
aunque, no para de pensar,
¿y si ese es el cuerpo que siempre quiere desnudar?
¿y si esa es la mente que quiere conquistar?
Mirando al mar,
latiendo en sus orejas,
parece escuchar:
"A que no me dejas..."
Se aceleraron las ganas de querer.
Culpa de ella, culpa de él.
Sentimientos contradictorios a flor de piel.
El tiempo, jugó también,
desnudando con pausas un juego poco cruel.
De repente sonó esa canción
sin ninguna maldad:
"Ahora dime que no,
perdemos los dos si te vas..."
No pudo reprimir el sentimiento y,
sin articular palabra,
empezó a fundir recuerdos.
De chocolate fueron los besos,
donde el sofá retuvo dos cuerpos intensos.
Y, ¿ahora qué?
Sopló el viento.
En una playa llena de preguntas
y un lamento.
Ella, con la cabeza baja,
mira la arena.
Él, sin esperanzas,
no quita sus ojos de ella.
Y es que no existe un vacío tan lleno
como aquel momento,
en que dos almas se encontraron
en el peor tiempo.
Curioso es el destino,
la puerta que él abrió,
ahora es ella quien la cierra
por culpa del amor.
Y no hay más,
aunque, no para de pensar,
¿y si ese es el cuerpo que siempre quiere desnudar?
¿y si esa es la mente que quiere conquistar?
Mirando al mar,
latiendo en sus orejas,
parece escuchar:
"A que no me dejas..."
jueves, 31 de marzo de 2016
Empecemos
¿Y si nos da por imaginar?Por andar sobre el suelo mojado, impregnado de tu perfume, mientras las gotas de lluvia se mezclan con el color de tus ojos, haciéndose camaleónicamente invisible. Mientras, ellos, fijando tu mente a través de mis pupilas, intentando provocarme esa reacción que jamás pensé que tendría. Intentando, también, obligarme a que mis dedos acaricien tu hombro descubierto sintiendo esa cálida gota de lluvia en mi yemas, tras haber rozado piel. A evitar mirar al cielo buscando una luz que ciegue menos que las que derrochan esos ojos, tal vez negros. Porque en esa oscuridad que serían nuestras vidas no entenderíamos de color, ni de penas, ni de frío o calor; solo hablaríamos de los sentimientos que refuerzan el corazón.
Nunca me acostumbraré a la calma sin tu tempestad cuando rebobinas la canción.
Imagina,
que a esta invito yo.
Nunca me acostumbraré a la calma sin tu tempestad cuando rebobinas la canción.
Imagina,
que a esta invito yo.
domingo, 27 de marzo de 2016
Instantes
Frío.
Sus dedos rozando los míos.
Al filo de la cama solo sienten frío.
Es una manera especial, el sentir en mi pecho su cuerpo palpitar.
En su espalda se deslizan mis manos, enloquece mi boca buscando sus labios y al borde de la cama sigue habiendo frío.
Como un glaciar fundiéndose, sus piernas descansan en mi cintura.
Como una burbuja en el mar, coge mi excitación altura.
A ver quién para esta aceleración.
Susurran mis labios en sus oídos mientras los suyos declaran la guerra a los míos.
Se muerde el labio inferior, no quiere despertar a la luna desde la habitación.
Se detiene el tiempo mientras el sol va uniéndose entre las sábanas.
Sus dedos rozando los míos.
Al filo de la cama ya no sienten frío.
En su espalda se deslizan mis manos, enloquece mi boca buscando sus labios y al borde de la cama sigue habiendo frío.
Como un glaciar fundiéndose, sus piernas descansan en mi cintura.
Como una burbuja en el mar, coge mi excitación altura.
A ver quién para esta aceleración.
Susurran mis labios en sus oídos mientras los suyos declaran la guerra a los míos.
Se muerde el labio inferior, no quiere despertar a la luna desde la habitación.
Se detiene el tiempo mientras el sol va uniéndose entre las sábanas.
Sus dedos rozando los míos.
Al filo de la cama ya no sienten frío.
viernes, 8 de enero de 2016
A Tal Poder
Se esfuma la ilusión.
Perdida,
contagiada por culpa de una mirada.
Se quiebra la razón.
Sin vida.
Rota y contaminada.
Y es que no hay más mentira que mi boca,
que callaba sin poderle contar,
lo que mis ojos traicioneros cada día
le intentaban mostrar.
No queda más
que un músculo roto en silencio,
un silencio que el viento quiso quebrar.
Una piel
que sin recuerdos
echa en falta cada acariciar.
En un rincón, a oscuras, sonríe
recordando, un parque, tal vez.
Como un loco, creyendo escuchar un
'Tú... a mi también.'
Perdida,
contagiada por culpa de una mirada.
Se quiebra la razón.
Sin vida.
Rota y contaminada.
Y es que no hay más mentira que mi boca,
que callaba sin poderle contar,
lo que mis ojos traicioneros cada día
le intentaban mostrar.
No queda más
que un músculo roto en silencio,
un silencio que el viento quiso quebrar.
Una piel
que sin recuerdos
echa en falta cada acariciar.
En un rincón, a oscuras, sonríe
recordando, un parque, tal vez.
Como un loco, creyendo escuchar un
'Tú... a mi también.'
sábado, 28 de noviembre de 2015
Así.
"Cómo hacer del tiempo un simple amanecer."
Se pregunta, una y otra vez.
Como si pudiese ver salir el sol tras el monte desde los ventanales de su salón.
Parece que está allí, junto a ella, tras unas copas de ron.
Su sonrisa traviesa, colocando los pies en el cristal.
Su mirada inquieta, él sólo la quiere besar.
Y así es como ocurrió.
Dejando paso a eso que llaman amor.
O, quizás, volviendo a aquello otro que llaman soledad.
Sea lo que fuere, en su pecho, se encuentra la verdad.
Y no es fácil decir si se hicieron las cosas bien, o se hicieron mal.
Fueron las que fueron. Nada más.
Por mucho que en sus mejillas sienta algo similar al roce de su pelo, cuando la empezó a besar.
Son ahora sus lágrimas las que con tanto fervor las acarician con cierta maldad.
Ya sabe que habrá otro amanecer. Tarde o temprano llegará.
Y es entonces cuando su cielo jamás dejará de iluminar.
Se pregunta, una y otra vez.
Como si pudiese ver salir el sol tras el monte desde los ventanales de su salón.
Parece que está allí, junto a ella, tras unas copas de ron.
Su sonrisa traviesa, colocando los pies en el cristal.
Su mirada inquieta, él sólo la quiere besar.
Y así es como ocurrió.
Dejando paso a eso que llaman amor.
O, quizás, volviendo a aquello otro que llaman soledad.
Sea lo que fuere, en su pecho, se encuentra la verdad.
Y no es fácil decir si se hicieron las cosas bien, o se hicieron mal.
Fueron las que fueron. Nada más.
Por mucho que en sus mejillas sienta algo similar al roce de su pelo, cuando la empezó a besar.
Son ahora sus lágrimas las que con tanto fervor las acarician con cierta maldad.
Ya sabe que habrá otro amanecer. Tarde o temprano llegará.
Y es entonces cuando su cielo jamás dejará de iluminar.
domingo, 25 de octubre de 2015
Gas
Y dónde está.
Dejando sitio a la locura de ésta vida, como quien tacha nombres imaginarios en el aire.
Una más.
Pasa el tiempo mientras que los suspiros cada vez son más flojos, mientras que se achica la sonrisa y se cansan los ojos.
Cuando antes la ilusión levantaba la mano para hablar y convencernos. Ahora, levanta las dos. Con la cabeza baja. Rendida.
Tan presa de los barrotes fríos de la realidad. Ésta realidad.
Corrompida. Harta de buscar exilio en la bebida.
Ya no sirve hacerse el sordo cuando por dentro arrrasa el eco de la decepción.
No hay impulsos que aceleren a tan destrozado corazón.
Dejando sitio a la locura de ésta vida, como quien tacha nombres imaginarios en el aire.
Una más.
Pasa el tiempo mientras que los suspiros cada vez son más flojos, mientras que se achica la sonrisa y se cansan los ojos.
Cuando antes la ilusión levantaba la mano para hablar y convencernos. Ahora, levanta las dos. Con la cabeza baja. Rendida.
Tan presa de los barrotes fríos de la realidad. Ésta realidad.
Corrompida. Harta de buscar exilio en la bebida.
Ya no sirve hacerse el sordo cuando por dentro arrrasa el eco de la decepción.
No hay impulsos que aceleren a tan destrozado corazón.
viernes, 10 de julio de 2015
Del amor, y nada más.
Circulaba con constantes idas y venidas.
Lentas, pero continuas.
La calma se afianzó bajo unos huesos, un poco martillados, un tanto perpetrados.
Asustaba a la racionalidad con tal excesividad que ni la propia tolerancia sabía de dónde venía. Ni a dónde irá.
Mas no existen cuerdos en ese lugar. Ríos de un color anaranjado que la servidumbre de la gran estrella no quiere iluminar.
Montañas viejas, destruidas, donde erosinan los problemas una vez. Y miles de veces más.
Será.
¿Acaso es que las tinieblas engendran problemas que el día sabe ocultar?
¿O que el banco de algún parque haga que este peso se reduzca en algo tan simple como respirar?
Resta importancia a la carne cuando los sentimientos no puede alcanzar.
Un crujir de critales rojos ya no dejan esas constantes circular.
Lentas, pero continuas.
La calma se afianzó bajo unos huesos, un poco martillados, un tanto perpetrados.
Asustaba a la racionalidad con tal excesividad que ni la propia tolerancia sabía de dónde venía. Ni a dónde irá.
Mas no existen cuerdos en ese lugar. Ríos de un color anaranjado que la servidumbre de la gran estrella no quiere iluminar.
Montañas viejas, destruidas, donde erosinan los problemas una vez. Y miles de veces más.
Será.
¿Acaso es que las tinieblas engendran problemas que el día sabe ocultar?
¿O que el banco de algún parque haga que este peso se reduzca en algo tan simple como respirar?
Resta importancia a la carne cuando los sentimientos no puede alcanzar.
Un crujir de critales rojos ya no dejan esas constantes circular.
lunes, 20 de abril de 2015
Y quiero
Van cayendo una a una las flores. No tuve tiempo ni de pincharme con sus espinas.
Apaga la luz que me ciega tanta luminosidad, tanto brillo irracional, tanta intensidad superficial.
Podría olvidarme de mi. (¿La verdad? No puedo.)
Necesitaría alejarme de mi propia mente. No pensar.
Evadirme del mundo. Silenciar cada pensamiento cuando amanece o cada pregunta cuando anochece.
¿Qué pensará el sol cuando subo la persiana?
A veces, solo a veces, escribo en el espejo su nombre, sus nombres... Y, ¿De qué sirve?
Podría olvidarme de mi pero, ¿la verdad? No puedo.
No es cuestión de buscar, ni de llegar a encontrar. La respuesta está en no moverte, no reaccionar.
Recorrer con el dedo índice las costuras del sofá mientras mi mirada vaga en el recuerdo abstraída del tiempo.
Dame más alcohol que quiero nublar la imagen de su cuerpo en mi mente.
Puede ser, qué se yo, un hilo de luz asomándose en sus hombros. La estela de un cuadro que lleva tiempo descolgado de la pared donde yacen imágenes dibujadas con el vaho de cada mañana.
O tal vez, por decir algo, podría ser un barrido de un color verdoso que no se apagase, que no cegase con tanta luminosidad, tanto brillo racional, tanta intensidad interior.
Van levantándose una a una las flores. Tengo todo el tiempo del mundo.
Podría olvidarme de ti. ¿La verdad?
Apaga la luz que me ciega tanta luminosidad, tanto brillo irracional, tanta intensidad superficial.
Podría olvidarme de mi. (¿La verdad? No puedo.)
Necesitaría alejarme de mi propia mente. No pensar.
Evadirme del mundo. Silenciar cada pensamiento cuando amanece o cada pregunta cuando anochece.
¿Qué pensará el sol cuando subo la persiana?
A veces, solo a veces, escribo en el espejo su nombre, sus nombres... Y, ¿De qué sirve?
Podría olvidarme de mi pero, ¿la verdad? No puedo.
No es cuestión de buscar, ni de llegar a encontrar. La respuesta está en no moverte, no reaccionar.
Recorrer con el dedo índice las costuras del sofá mientras mi mirada vaga en el recuerdo abstraída del tiempo.
Dame más alcohol que quiero nublar la imagen de su cuerpo en mi mente.
Puede ser, qué se yo, un hilo de luz asomándose en sus hombros. La estela de un cuadro que lleva tiempo descolgado de la pared donde yacen imágenes dibujadas con el vaho de cada mañana.
O tal vez, por decir algo, podría ser un barrido de un color verdoso que no se apagase, que no cegase con tanta luminosidad, tanto brillo racional, tanta intensidad interior.
Van levantándose una a una las flores. Tengo todo el tiempo del mundo.
Podría olvidarme de ti. ¿La verdad?
domingo, 12 de abril de 2015
Ya está.
Te echo de menos,
esa es la verdad.
Te echo de menos
pero ya no puedo más.
Cansado de no verte,
desesperado de tanto pensar.
Vacío de no tenerte,
de no saber que pasará.
Te echo de menos,
no lo podré evitar.
Te echaré más de menos,
si en menos no estarás.
esa es la verdad.
Te echo de menos
pero ya no puedo más.
Cansado de no verte,
desesperado de tanto pensar.
Vacío de no tenerte,
de no saber que pasará.
Te echo de menos,
no lo podré evitar.
Te echaré más de menos,
si en menos no estarás.
jueves, 13 de noviembre de 2014
Tic tac
Ahí está.
Se vuelve a pellizcar.
No hay rincón del cuarto que no haya llenado con su aire, ni estrella en el cielo que apagase al amanecer.
Caen gotas por su mejilla mientras fuera el viento se está enfadando.
Dorado y enmarañado está su pelo sobre la almohada, calando el aire de su cuello en ella.
Truenan las ventanas y de un salto se abrazan. Como si sus brazos fuesen paredes, la protege de cualquier mal, la estrecha fuerte hacía él y ella busca tal refugio.
Para de llover, pero no paran de latir los corazones. No para de escribirse esa historia.
Truena ahora en su interior.
Iluminando la habitación de un verde precioso, de una mirada implacable, de un abrazar sin contacto, de una magia que resalta su sonrisa.
Las manecillas del reloj están nerviosas: una quiere avanzar sin pausa, la otra quiere retrasar el tiempo. Quiere repetir una y otra vez sus encuentros, sus dar y recibir, sus te quiero y sus idiotas, sus besos y sus caricias, sus poemas y sus notas.
No hay nada más.
Que esperar al despertar. Al resurgir. Al volver a empezar.
A llenar de ilusión sus vidas, al imaginar sus mundos solo con idas.
Sin vueltas que retornen a un pasado.
Que ellos mismos son conscientes de sus propios pasos.
Parece que la manecilla del tiempo ya ha comprobado,
que se puede parar el tiempo, si ambos están al lado.
domingo, 10 de agosto de 2014
No hay tiempo que valga
Tumbado, mirando a un rincón de la habitación.
¿Cómo hacer para que el tiempo juegue al fin a su favor?
¿De qué está hecho el viento, que cuando cambia de rumbo le destroza la ilusión?
Se mezcla la humedad de sus ojos en el aire y le es inevitable recordar.
Vaga entre sus pensamientos. Cansado. Malhumorado. Derrotado.
Ha perdido más kilos, eso es verdad, pero le pesa la ausencia en su interior. El luchar sin victoria, el andar sin avanzar.
Cuenta con los dedos las veces que la ha odiado, las veces que la ha apartado de su lado, y cae en la cuenta de que podría contarlo incluso con su espalda, con una mesa, o simplemente con nada. Porque la siente, por mucho que a ella le cueste, la siente como a la que más. Desea cada segundo poder volver a sus brazos. Poder reiniciar cualquier fracaso.
¿Cómo hace para mostrarle que cuando duerme ya no sueña? Que solo lo hace cuando se levanta por las mañanas, con los ojos bien abiertos, e imaginársela a su lado.
¿Cómo hace para que sus palabras no se queden cortas, para que las palpitaciones hablen a través de sus labios, para enseñarle de qué material está hecho su mente?
Cuenta con los dedos las veces que la piensa, la ama incluso en la distancia, la respeta, la cuida... y le faltan manos, le faltan pies, le falta encontrar el valor exacto del infinito.
Y sí, mirando a ese rincón puede estar exagerando, lo sabe, pero es como lo siente. Es como lo vive.
Dos historias no son iguales.
Dos personas, menos.
La incertidumbre del futuro es lo que a él le perturba cuando ella duda; y a ella cuando él se ilusiona.
¿Dónde está el equilibrio entre el amor y la necesidad?
¿Por qué en esta habitación siente la necesidad de amarla?
¿Cómo explicarle que hay días de lluvia y otros con color?
Que en los días nublados, presente está el sol.
Por mucho que no se vea, por mucho que no brille con fuerzas, es así.
Cierra los ojos y vuelve a mirar. El rincón ha cambiado de lugar.
Se le escapa una sonrisa al pensar en su manera de hablar.
En sus bromas. En su risa. En su forma de pensar...
La siente, por mucho que vacile, la siente igual. De agua se ha llenado sus ojos todas las veces que la imaginó viajar.
Rellena sus energías con sus recuerdos: con aquellas frases, aquellas miradas, aquellos momentos en los que no existía nada más que dos corazones encerrados queriéndose tocar. Queriendo arrancar la piel para poder ver que hay dentro que la hace tan especial. Querer saber por qué duerme de lado o por qué prefiere trasnochar.
Solo busca una solución, la forma de demostrarle que ella es su obsesión.
El futuro no está escrito pero él quiero escribirlo con ella a su lado. Que si se le gasta la tinta, escribir con besos y abrazos. No quiere más historias. Ni dudas. Ni miedos.
Que no quiere un punto y final que no sea el lunar de su rostro.
Se ha tragado el orgullo, y ahora lo siente hacia ella.
Que si discuten que sea por saber quién besó primero.
Si ella ve el vaso medio vacío, él se levanta corriendo a la cocina para llenárselo.
Que si se despista por un momento y deja de pensar en ella, que sea porque se ha perdido en su mirada.
Si salen dudas, que las mismas se emborrachen y ya las cuidan cuando tengan resaca.
Que si se cansa, él se duerme a su lado, abrazado a ella hasta que se recupere y ya siguen mañana.
Si hace viento un día de playa, sus toallas harán de pared y sus cuerpos de abrigo.
Habrá separación de bienes: tu pasado y el mio.
Si la tristeza acecha, que aparezca su alegría a pies puntillas.
Que si se desvela en la cama que sea porque le está clavando las rodillas.
Si no hablan que los muelles hagan callar al silencio.
Que si son felices... no dejar pasar ese momento.
¿Cómo hacer para que el tiempo juegue al fin a su favor?
¿De qué está hecho el viento, que cuando cambia de rumbo le destroza la ilusión?
Se mezcla la humedad de sus ojos en el aire y le es inevitable recordar.
Vaga entre sus pensamientos. Cansado. Malhumorado. Derrotado.
Ha perdido más kilos, eso es verdad, pero le pesa la ausencia en su interior. El luchar sin victoria, el andar sin avanzar.
Cuenta con los dedos las veces que la ha odiado, las veces que la ha apartado de su lado, y cae en la cuenta de que podría contarlo incluso con su espalda, con una mesa, o simplemente con nada. Porque la siente, por mucho que a ella le cueste, la siente como a la que más. Desea cada segundo poder volver a sus brazos. Poder reiniciar cualquier fracaso.
¿Cómo hace para mostrarle que cuando duerme ya no sueña? Que solo lo hace cuando se levanta por las mañanas, con los ojos bien abiertos, e imaginársela a su lado.
¿Cómo hace para que sus palabras no se queden cortas, para que las palpitaciones hablen a través de sus labios, para enseñarle de qué material está hecho su mente?
Cuenta con los dedos las veces que la piensa, la ama incluso en la distancia, la respeta, la cuida... y le faltan manos, le faltan pies, le falta encontrar el valor exacto del infinito.
Y sí, mirando a ese rincón puede estar exagerando, lo sabe, pero es como lo siente. Es como lo vive.
Dos historias no son iguales.
Dos personas, menos.
La incertidumbre del futuro es lo que a él le perturba cuando ella duda; y a ella cuando él se ilusiona.
¿Dónde está el equilibrio entre el amor y la necesidad?
¿Por qué en esta habitación siente la necesidad de amarla?
¿Cómo explicarle que hay días de lluvia y otros con color?
Que en los días nublados, presente está el sol.
Por mucho que no se vea, por mucho que no brille con fuerzas, es así.
Cierra los ojos y vuelve a mirar. El rincón ha cambiado de lugar.
Se le escapa una sonrisa al pensar en su manera de hablar.
En sus bromas. En su risa. En su forma de pensar...
La siente, por mucho que vacile, la siente igual. De agua se ha llenado sus ojos todas las veces que la imaginó viajar.
Rellena sus energías con sus recuerdos: con aquellas frases, aquellas miradas, aquellos momentos en los que no existía nada más que dos corazones encerrados queriéndose tocar. Queriendo arrancar la piel para poder ver que hay dentro que la hace tan especial. Querer saber por qué duerme de lado o por qué prefiere trasnochar.
Solo busca una solución, la forma de demostrarle que ella es su obsesión.
El futuro no está escrito pero él quiero escribirlo con ella a su lado. Que si se le gasta la tinta, escribir con besos y abrazos. No quiere más historias. Ni dudas. Ni miedos.
Que no quiere un punto y final que no sea el lunar de su rostro.
Se ha tragado el orgullo, y ahora lo siente hacia ella.
Que si discuten que sea por saber quién besó primero.
Si ella ve el vaso medio vacío, él se levanta corriendo a la cocina para llenárselo.
Que si se despista por un momento y deja de pensar en ella, que sea porque se ha perdido en su mirada.
Si salen dudas, que las mismas se emborrachen y ya las cuidan cuando tengan resaca.
Que si se cansa, él se duerme a su lado, abrazado a ella hasta que se recupere y ya siguen mañana.
Si hace viento un día de playa, sus toallas harán de pared y sus cuerpos de abrigo.
Habrá separación de bienes: tu pasado y el mio.
Si la tristeza acecha, que aparezca su alegría a pies puntillas.
Que si se desvela en la cama que sea porque le está clavando las rodillas.
Si no hablan que los muelles hagan callar al silencio.
Que si son felices... no dejar pasar ese momento.
lunes, 14 de julio de 2014
Y ahora... qué?
La llama se empezó a tambalear.
En esa neblina que eran sus dudas, la vela no daba claridad.
Lo sabe.
Y yace expectante al paso del tiempo, al transcurso de sus pensamientos. Espera un milagro, una acción, un cambio de rumbo del viento que entre en su habitación. Necesita de una luz.
De ella.
En silencio la busca. Cierra los ojos fuertemente para, tal vez, verla. Para, tal vez, tenerla por última vez. Su piel sigue alerta por si el aire quiere traer una caricia despistada de sus dedos en la distancia.
Duerme con la ventana abierta, quién sabe, tal vez aparezca de madrugada con un manto de estrellas y le cubra de este frío inerte, de esta espera sin reloj.
Sigue cerrando los ojos tan fuerte que llegan a doler, como sus ojos verdes cuando se clavaban en él. Parece que aún lo siente: aquellas rodillas encogidas y haciéndose hueco en su espalda. Aquella cabeza dormida sobre su hombro sin saber nada.
Desliza los dedos sobre la almohada, haciendo una copia inútil de su piel, viendo que no se estremece como cuando sus dedos caminaban en su espalda. Como ese cosquilleo que se encontraba en cualquier resquicio de ella.
Ya no sabe si tiene los ojos cerrados o está en un leve letargo, pero llega a oír ese "No te vayas" que eriza su piel, alegra e entristece su interior. ¿Cómo puede provocar ambos sentimientos solo tres palabras? Tanta alegría de saber que ella lo siente, tanta tristeza de saber que ya no está.
Entreabre los ojos con la mirada bloqueada.
La llama sigue consumiéndose a mayor velocidad.
"No te vayas" dice con la voz quebrada.
Y se hizo la oscuridad.
En esa neblina que eran sus dudas, la vela no daba claridad.
Lo sabe.
Y yace expectante al paso del tiempo, al transcurso de sus pensamientos. Espera un milagro, una acción, un cambio de rumbo del viento que entre en su habitación. Necesita de una luz.
De ella.
En silencio la busca. Cierra los ojos fuertemente para, tal vez, verla. Para, tal vez, tenerla por última vez. Su piel sigue alerta por si el aire quiere traer una caricia despistada de sus dedos en la distancia.
Duerme con la ventana abierta, quién sabe, tal vez aparezca de madrugada con un manto de estrellas y le cubra de este frío inerte, de esta espera sin reloj.
Sigue cerrando los ojos tan fuerte que llegan a doler, como sus ojos verdes cuando se clavaban en él. Parece que aún lo siente: aquellas rodillas encogidas y haciéndose hueco en su espalda. Aquella cabeza dormida sobre su hombro sin saber nada.
Desliza los dedos sobre la almohada, haciendo una copia inútil de su piel, viendo que no se estremece como cuando sus dedos caminaban en su espalda. Como ese cosquilleo que se encontraba en cualquier resquicio de ella.
Ya no sabe si tiene los ojos cerrados o está en un leve letargo, pero llega a oír ese "No te vayas" que eriza su piel, alegra e entristece su interior. ¿Cómo puede provocar ambos sentimientos solo tres palabras? Tanta alegría de saber que ella lo siente, tanta tristeza de saber que ya no está.
Entreabre los ojos con la mirada bloqueada.
La llama sigue consumiéndose a mayor velocidad.
"No te vayas" dice con la voz quebrada.
Y se hizo la oscuridad.
jueves, 10 de julio de 2014
Sin más
¿Y si te digo que no quiero dejarte ir?
No es humana la forma de echarte de menos, la manera de quererte sentir.
¿Cómo respiro si no tengo un cuello en el que apoyarme?
¿Cómo te miro si lo único que deseo es que nos separe un milímetro de aire?
Quiero verte.
No son las únicas dos palabras que salen de mi.
Quiero olerte.
Suelo cerrar los ojos para tenerte aquí.
Suelo cerrar los ojos para tenerte aquí.
Quiero abrazarte.
Y besarte.
Y besarte.
Perderme en tu mirada si con ello el tiempo me quiere acompañar.
Saborear el momento en que tu respiración se contenga sin poderla soltar.
Añorar al silencio porque tus palabras no le dejan lugar.
Extrañar un 'te quiero' porque los besos no los dejan nombrar.
Liberar el tiempo en el que tus manos me empiezan a acariciar.
Eludir el deseo, que en la cocina los dos queremos acabar.
Quiero verte.
No hay más que pueda comentar.
Quiero tenerte.
Y de tu mano poder caminar.
No quiero dejarte ir porque te siento de verdad.
Te echo de menos, y esto solo acaba de empezar.
sábado, 7 de junio de 2014
A tres plantas sobre el cielo
Sonrío cuando te pienso.
¿Y qué más da?
Si me duelen los hombros de bajarte la luna cada noche.
Si tengo seca la boca de tanto nombrarte.
Si las horas a tu lado no pasan en balde.
¿Y qué más da lo que digan o lo que dejen de decir?
Si por dentro solo siento yo y por fuera eres tú quien me hace sentir,
si en las noches ellos no están cuando las respiraciones se sincronizan
o en la puerta de mi piso adivino cuando la ternura se avecina.
¿Y qué si poco a poco vas haciéndote un hueco en mi vida entera?
Si hasta en la cocina tienes tu asiento en la encimera,
si el sofá se pone nervioso cuando se entera
que tu cuerpo va a reposar como las olas en la arena.
¿Y qué si estás en mi lista de la compra por casualidad?
Si te encuentro en mi nombre con facilidad.
Si de chocolate son los besos que me das...
Y qué... si prefiero un despertar color esmeralda,
si el sol ya no brilla en mis mañanas porque lo eclipsa tu mirada.
Si haces que la puerta de salida sea la de otro cuarto,
y provocas risas durante un largo rato.
¿Y qué más da si el tiempo no quiere parar?
Si juega con nuestras vidas como puro azar.
Si me quedo.
Si te quedas.
Si te irás...
Solo queda vivir el día a día y respirar.
Pero, ¿qué más puede pasar?
Si solo quiero sentir en mi pecho, tu pecho palpitar.
¿Y qué más da?
Si me duelen los hombros de bajarte la luna cada noche.
Si tengo seca la boca de tanto nombrarte.
Si las horas a tu lado no pasan en balde.
¿Y qué más da lo que digan o lo que dejen de decir?
Si por dentro solo siento yo y por fuera eres tú quien me hace sentir,
si en las noches ellos no están cuando las respiraciones se sincronizan
o en la puerta de mi piso adivino cuando la ternura se avecina.
¿Y qué si poco a poco vas haciéndote un hueco en mi vida entera?
Si hasta en la cocina tienes tu asiento en la encimera,
si el sofá se pone nervioso cuando se entera
que tu cuerpo va a reposar como las olas en la arena.
¿Y qué si estás en mi lista de la compra por casualidad?
Si te encuentro en mi nombre con facilidad.
Si de chocolate son los besos que me das...
Y qué... si prefiero un despertar color esmeralda,
si el sol ya no brilla en mis mañanas porque lo eclipsa tu mirada.
Si haces que la puerta de salida sea la de otro cuarto,
y provocas risas durante un largo rato.
¿Y qué más da si el tiempo no quiere parar?
Si juega con nuestras vidas como puro azar.
Si me quedo.
Si te quedas.
Si te irás...
Solo queda vivir el día a día y respirar.
Pero, ¿qué más puede pasar?
Si solo quiero sentir en mi pecho, tu pecho palpitar.
martes, 13 de mayo de 2014
Mes de ensayo
Pestañear.
Y ver la vida de diferente forma, de diferente color.
Sea como sea, en cada historia, presente está el sol.
Dibujadas quedaron las intenciones en la madrugada, vestidas con aromas de alcohol. Acercando más el deseo a la mañana dando un vuelco al corazón. De detalles, fue la estela, que su mirada marcó. No dejó hablar al silencio, mas su imagen influyó. Las rendijas de la persiana hacía iluminar más su pelo, y la almohada quedó alerta para no desteñir sus ojos, tal vez negros... Pero no fue así cuando por dentro se movían sin ninguna aceleración, inútiles formatos de pensamientos contradictorios y, obviamente, no nació el amor.
Dibujadas quedaron, en otra madrugada, intenciones de distinto calibre. Un beso, un abrazo, una forma de quererse tan visible al exterior y con tanta niebla en cada interior. No por ello fue más malo, ni más bueno. No por ello estuvo el pasado presente en todo aquello. Tanta sed de amar tenía que mezcló ron con esperanzas de melancolía. Llegó a ver las estrellas en pleno día, en aquella playa cuando amanecía. En su piel. En su mejilla. Descubrió que sin ella el sentido perdería.
Descubrió que por ella, sin pestañear la amaría.
miércoles, 15 de enero de 2014
Intocable
Y aún no sé lo que puede ser.
Llevo varios días dándole vueltas, volviendo a la misma situación.
Si nada ocurrió, no entiendo esta sensación. ¿Por qué has llegado a ocupar mi mente? ¿Por qué sigues presente si nada pasó?
Juego a ser psicólogo de mi propio ego, detective de mis sentimientos.
¿Cómo pudiste entrar en mi interés, si ni siquiera abrí la puerta?
¿Qué clase de idiotez he provocado dentro de mi cabeza?
Esa sensación de que se pasó el tren, que no volverá a ocurrir, querer tirar la pared, tenerla aquí y querer aprender a que sabe su piel.
Si nada ocurrió, si nada pasó...
Si tu forma de hablar no hizo que mis oídos estuviesen en alerta, expectantes por ti, que apenas supe de que tratase la película, esa que pusimos para dormir. Esa película donde perdía mis pensamientos como un muñeco de cuerda, esperando una palabra ajena de ella, cercana a ti, para poder activarme y mirarte.
Si tu forma de reír no me provocaba una alegría, ni siquiera una sonrisa, si no ponía cara de no haber escuchado nunca una carcajada.
Si tu sonrisa no iluminó todo el salón, aún con las luces apagadas. Esas luces que apagamos para quedarnos ciegos pero ya estarían las farolas para contrarrestarlo.
¿Qué más puedo decir?
Si no me sentí idiota al intentar hablar.
Si no noté nerviosismo e inseguridad. Como si quince años tuviese y acabamos de quedar.
Si no quería mirarte de reojo cuando cerraste los ojos con previsión a descansar.
Si aún sigo sin pronunciar claustrofobia, sin fallar.
¿Y aún sigo sin saber qué pudo ser?
Si no quise rozarte.
Si no quise besarte.
Si no quise que esa película jamás terminase.
Llevo varios días dándole vueltas, volviendo a la misma situación.
Si nada ocurrió, no entiendo esta sensación. ¿Por qué has llegado a ocupar mi mente? ¿Por qué sigues presente si nada pasó?
Juego a ser psicólogo de mi propio ego, detective de mis sentimientos.
¿Cómo pudiste entrar en mi interés, si ni siquiera abrí la puerta?
¿Qué clase de idiotez he provocado dentro de mi cabeza?
Esa sensación de que se pasó el tren, que no volverá a ocurrir, querer tirar la pared, tenerla aquí y querer aprender a que sabe su piel.
Si nada ocurrió, si nada pasó...
Si tu forma de hablar no hizo que mis oídos estuviesen en alerta, expectantes por ti, que apenas supe de que tratase la película, esa que pusimos para dormir. Esa película donde perdía mis pensamientos como un muñeco de cuerda, esperando una palabra ajena de ella, cercana a ti, para poder activarme y mirarte.
Si tu forma de reír no me provocaba una alegría, ni siquiera una sonrisa, si no ponía cara de no haber escuchado nunca una carcajada.
Si tu sonrisa no iluminó todo el salón, aún con las luces apagadas. Esas luces que apagamos para quedarnos ciegos pero ya estarían las farolas para contrarrestarlo.
¿Qué más puedo decir?
Si no me sentí idiota al intentar hablar.
Si no noté nerviosismo e inseguridad. Como si quince años tuviese y acabamos de quedar.
Si no quería mirarte de reojo cuando cerraste los ojos con previsión a descansar.
Si aún sigo sin pronunciar claustrofobia, sin fallar.
¿Y aún sigo sin saber qué pudo ser?
Si no quise rozarte.
Si no quise besarte.
Si no quise que esa película jamás terminase.
<< - Tu final.
- Tu principio. >>
sábado, 4 de enero de 2014
Dime tu nombre
"..., ¿qué entiendes por amor?"
El amor, o mejor dicho un amor, ¿Cuánto dura? ¿Cuál es su duración?
¿Se puede considerar amor una historia de unos minutos? ¿Varios años tal vez?
Supongo que depende de la persona, del sentir de cada uno pero, y el amor, de existir, ¿influye después? ¿En las posibles relaciones o un simple conocer?
Un tema complicado, lo sé. Asunto que no voy a tocar porque no trata de esto lo que quiero dar a entender.
Es algo más complejo, si me lo dejas así exponer, que no trata sobre el querer.
¿Cómo se llega a conocer a alguien? ¿Qué es lo que llama tu atención? El hecho de conocer, no implica nada más allá de la incertidumbre que te despierta una persona. Un rostro. Un cuerpo. Unos ojos. Una forma de hablar. Una mirada.
Una forma de escribir.
¿Le generó curiosidad mi forma de escribir? Tal vez lo que decía o lo que ella creía que yo podía sentir. No lo sé, ¿tendré la oportunidad de darme a conocer? Más bien, que me de ella la oportunidad de poderla conocer, de mirarla fijamente a los ojos cuando me hable en un café, de si se explica con las manos sin pararlas de mover, de saber si se muerde el labio al pensar en el ayer o si se toca el pelo una y otra vez. ¿Por qué no?
La querría conocer. Saber si se levanta por las mañanas con resaca tras beber, si se peina en el ascensor o se maquilla cada dos por tres, si le gusta ver el sol al anochecer o cae rendida en el sofá cuando le duelen los pies.
Me encantaría preguntarle, regalándole toda mi atención:
"Paula, ¿qué es para ti el amor?"
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